Actividades de Networking B2B: Team Building entre Empresas Distintas
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Evento
Organizar un team building parece sencillo sobre el papel: se elige una actividad divertida, se reserva una fecha y listo. Pero la realidad es que muchas empresas invierten tiempo, presupuesto e ilusión en un evento que, semanas después, apenas deja huella en el equipo. La diferencia entre un team building que realmente fortalece a las personas y uno que se queda en una simple tarde de ocio suele estar en detalles que se pasan por alto durante la planificación. Con más de 15 años organizando actividades de team building para empresas de toda España, en Kaizen hemos visto repetirse los mismos errores una y otra vez, sea cual sea el sector o el tamaño de la plantilla. En este artículo repasamos los fallos más habituales a la hora de organizar un team building y, sobre todo, cómo evitarlos para que el evento cumpla de verdad su objetivo.
El error de partida más frecuente es elegir primero la actividad y pensar el objetivo después, si es que se piensa. Un team building no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para conseguir algo concreto: mejorar la comunicación entre departamentos, fortalecer la confianza en un equipo recién formado, trabajar el liderazgo, celebrar un buen año o simplemente romper la rutina y generar vínculos fuera de la oficina. Cada uno de estos objetivos pide un tipo de dinámica distinta, y no es lo mismo diseñar una experiencia para integrar a personas que no se conocen que para reconocer el esfuerzo de un equipo que lleva años trabajando junto. Antes de mirar catálogos de actividades, conviene sentarse con recursos humanos, con la dirección o con los responsables de equipo y responder a preguntas sencillas: ¿qué queremos que la gente sienta al salir del evento?, ¿qué comportamiento nos gustaría reforzar?, ¿hay tensiones concretas que nos gustaría suavizar? Con esas respuestas sobre la mesa, elegir entre las decenas de opciones disponibles en un catálogo como el de actividades de team building se vuelve mucho más sencillo, porque se descarta todo lo que no encaja y se prioriza lo que realmente aporta valor al equipo.
Otro fallo muy habitual es elegir una actividad pensando en lo que le gustaría a una sola persona, normalmente quien organiza el evento, sin tener en cuenta la diversidad real del equipo. Un grupo de trabajo suele reunir a personas de edades distintas, condiciones físicas distintas, sensibilidades distintas y niveles de comodidad muy diferentes ante según qué retos. Proponer una actividad excesivamente exigente físicamente puede dejar fuera, de facto, a quien no puede o no quiere participar al mismo ritmo, y eso genera justo el efecto contrario al buscado: en lugar de unir, señala diferencias. Lo mismo ocurre con dinámicas demasiado competitivas, que pueden funcionar muy bien en equipos comerciales acostumbrados a medirse entre sí, pero resultar incómodas en equipos donde se prioriza la colaboración. La clave está en pensar en el equipo en su conjunto, no en el perfil medio imaginario, y optar por formatos flexibles que permitan distintos niveles de implicación sin que nadie se quede al margen. Actividades que combinan reto físico ligero con estrategia, creatividad o resolución de problemas suelen funcionar mejor para grupos heterogéneos que las puramente deportivas. Cuando existen dudas sobre qué formato encaja mejor con un equipo concreto, merece la pena resolverlas antes de reservar, apoyándose en quien ya ha trabajado con cientos de equipos distintos y sabe qué preguntas hacer para no equivocarse.
Una actividad bien elegida puede arruinarse por una logística mal resuelta. Aquí entran en juego varios factores que conviene revisar con tiempo.
Un team building demasiado largo cansa y resta energía; uno demasiado corto se queda en la superficie y no da tiempo a que la dinámica de grupo se active de verdad. También importa el momento del día y de la semana: un viernes por la tarde puede jugar a favor si se plantea como cierre de semana, pero puede jugar en contra si la plantilla tiene compromisos familiares que hacen que la gente esté pendiente del reloj en lugar de disfrutar de la actividad.
Cuando parte del equipo viene de fuera, hay que pensar en accesos, aparcamiento, transporte público y tiempos de desplazamiento reales, no los que aparecen en el mapa sin tener en cuenta el tráfico. Si la actividad es al aire libre, conviene tener siempre un plan B en caso de lluvia u otras condiciones meteorológicas adversas, algo que en España cambia mucho según la ciudad y la época del año. Dejar la logística para el último momento es una de las causas más frecuentes de que un buen evento se recuerde por los problemas de organización y no por la experiencia en sí. Por eso, cuando se cuenta con un proveedor especializado, gran parte de este trabajo queda resuelto de antemano, incluyendo alternativas para imprevistos y coordinación con el espacio elegido.
Muchas empresas dedican semanas a decidir la actividad perfecta y solo unas horas a explicársela a quienes van a participar. El resultado es que la gente llega sin saber qué esperar, con dudas sobre el código de vestimenta, sin saber si hay que llevar calzado especial o si la actividad implica algún esfuerzo físico que alguien con una lesión debería evitar. Esa incertidumbre genera resistencia antes incluso de empezar, y la resistencia inicial es difícil de revertir en el propio evento. Una comunicación previa clara y sencilla, explicando qué se va a hacer, cuánto dura, qué hay que llevar, si es apto para todos los niveles de forma física y a quién dirigirse con dudas, reduce enormemente la ansiedad de última hora y mejora la disposición del grupo a participar con ganas. También ayuda comunicar el motivo del evento: si el equipo entiende que el team building responde a un objetivo concreto y no es una obligación más en el calendario, la actitud con la que llega cambia por completo. Este es un detalle que suele resolverse con una simple guía o correo informativo, pero que muchas empresas dejan pasar por falta de tiempo.
Organizar internamente una actividad para veinte, cincuenta o varios cientos de personas sin experiencia previa suele traducirse en más trabajo del esperado y en resultados por debajo de lo deseado. Cuestiones como los seguros de responsabilidad civil, los materiales adecuados para cada dinámica, la dinamización profesional del grupo o la capacidad de adaptar la actividad sobre la marcha si algo no sale según lo previsto marcan una diferencia enorme entre una experiencia bien ejecutada y una improvisada. Además, un equipo de facilitadores con experiencia sabe leer al grupo: detecta cuándo hay que subir el ritmo, cuándo dar un respiro o cuándo animar a quien se ha quedado más al margen. Eso es difícil de improvisar sin haber dirigido decenas de dinámicas similares antes. En Kaizen hemos trabajado con más de 500 empresas de sectores muy distintos y ofrecemos más de 50 actividades diferentes, lo que nos permite anticipar buena parte de los problemas antes de que ocurran, desde la elección del espacio hasta la gestión de un grupo con necesidades especiales. Si tienes dudas sobre cómo funciona el proceso de contratar una actividad de este tipo, en nuestra sección de preguntas frecuentes sobre team building resolvemos las cuestiones que más nos plantean las empresas antes de decidirse.
El último error, y quizá el más silencioso, es tratar el team building como un evento aislado que se cierra el mismo día que termina. Sin ningún tipo de seguimiento, resulta difícil saber si realmente ha servido para el objetivo que se planteó al principio, y es fácil que el efecto positivo se diluya en pocas semanas. Recoger la opinión de los participantes, aunque sea con un cuestionario breve, ayuda a entender qué ha funcionado y qué se puede mejorar la próxima vez. También conviene aprovechar el impulso del evento: compartir fotos o momentos destacados internamente, reconocer públicamente lo vivido o retomar en el día a día alguna de las dinámicas trabajadas ayuda a que el efecto dure más en el tiempo. Cada vez más empresas están optando, además, por repartir estos momentos de conexión a lo largo del año en formatos más cortos y frecuentes, en lugar de concentrar todo el esfuerzo en un único evento anual, precisamente para mantener vivo ese efecto en lugar de dejarlo caducar.
Casi todos los errores que hemos repasado tienen algo en común: aparecen cuando la actividad se organiza sin objetivo, sin conocer bien al equipo o sin apoyo especializado. Evitarlos no requiere un presupuesto enorme, sino planificación y experiencia. En Kaizen llevamos más de 15 años ayudando a empresas de toda España a diseñar experiencias de team building que encajan con sus equipos y con lo que quieren conseguir, con un catálogo de más de 50 actividades distintas entre las que encontrar la que mejor se adapta a cada caso. Si estás pensando en organizar un team building y quieres evitar estos fallos desde el primer momento, puedes echar un vistazo a nuestras actividades de team building o ponerte directamente en contacto con nuestro equipo para contarnos qué necesitas: te ayudamos a diseñar la experiencia adecuada para tu empresa.
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