Basado en hechos históricos

En kaizen coaching y Team Building, tratamos de ofrecer a nuestros clientes las mejores jornadas de Team Building, actividades de empresa ó incentivos.

Y buscamos grandes experiencias, grandes aventuras, que sean un ejemplo de superación, de creatividad, de trabajo en equipo, para empoderar a los participantes, para hacerles “vivir” unos hechos que cambiaron el curso de la historia. Como muestra, una gran historia como la vivida por los hermanos Wright, basada en dinámicas contextualizadas para convertir el Team Building en una reproducción de la historia.

Mucha gente no ha oído hablar de Samuel Langley. En los albores del siglo xx, la posibilidad de realizar el primer vuelo tripulado autopropulsado era como el “.com” de hoy. Todo el mundo lo estaba intentando. Y Samuel Langley tenía lo que supuestamente es la receta del éxito. ¿Por qué suele fallar un producto o empresa? Puede responder a una variante de las mismas tres cosas: falta de capital, las personas equivocadas, malas condiciones de mercado. Suelen ser las mismas tres cosas, así que exploremos eso. El antiguo departamento de Guerra, actualmente denominado de defensa, le dio a Samuel Pierpont Langley 50.000 dólares de la época, para que ideara esta “máquina voladora”. El dinero no fue un problema. Él fue asistente en Harvard, trabajaba en el Smithsonian y tenía conexiones extremadamente buenas. Conocía a todos las grandes mentes del momento. Contrató a los mejores ingenieros que el dinero pudo reunir. Y las condiciones de mercado eran fantásticas. The New York Times lo seguía a todas partes, además de otros medios de comunicación. Y todo el mundo estaba a favor de Langley. Entonces, ¿cómo es que nunca hemos oído hablar de Samuel Pierpont Langley?

A unos cientos de kilómetros de distancia, Wilbur y Orville Wright, no tenían ningún ingrediente de lo que consideramos como la receta del éxito. No tenían dinero. Financiaban su sueño con las ganancias de su tienda de bicicletas. Ninguno en el equipo de los hermanos Wright tenía educación universitaria, ni siquiera Orville o Wilbur. Y The New York Times no los siguió a ninguna parte. La diferencia fue que a Orville y Wilbur los guiaba una causa, un propósito, una creencia. Creyeron que si eran capaces de idear una máquina voladora, eso cambiaría dramáticamente el curso del mundo. Samuel Langley era diferente. Quería ser rico, y quería ser famoso. Estaba únicamente orientado al resultado. Estaba en busca de la riqueza. Y miren lo que sucedió: la gente que creyó en el sueño de los hermanos Wright trabajó con ellos dejando sangre, sudor y lágrimas. Los otros sólo trabajaron por dinero. El 17 de diciembre de 1903 los hermanos Wright remontaron el vuelo y nadie estaba allí siquiera para experimentarlo. El mundo se enteró unos días más tarde. El día que los hermanos Wright remontaron el vuelo, Langley abandonó. Pudo haber dicho: “Muchachos, enhorabuena, es un descubrimiento asombroso y voy a mejorar su tecnología”, pero no lo hizo. No fue el primero, no se hizo rico, tampoco famoso, así que abandonó.

Nuestros Team Building siempre tratan de desafiar a los participantes, de desestructurarlos, de sacarles de su rol laboral, de conseguir que se sientan inmersos dentro de una gran aventura.

Y este no es el único Team Building basado en hechos reales que recreamos, tanto en Madrid como en Barcelona, pregúntanos sin compromiso.